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sábado, 30 de abril de 2011
Muchas más que vosotros.
No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza
por eso de que sus caderas...
Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa y esas maneras
y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da.
Pero además la he visto seria, ser ella misma,
y en serio que eso no se puede escribir en un poema.
Por eso, eso que me cuentas de que mírala cómo bebe las cervezas,
y cómo se revuelve sobre las baldosas y qué fácil parece a veces enamorarse.
Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo
de seguir vivo y a la mierda con la autodestrucción...
Todo eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor es un cuento que me sé desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre.
Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente
para decirte, venga, hazte un peta y me lo cuentas.
No sabes lo que es despertarte y que ella se retuerza y bostece,
luego te abrace y luego no sepas cómo deshacerte de todo el mundo.
Así que supondrás que yo soy el primero que entiende,
el que pierdas la cabeza por sus piernas y el sentido por sus palabras,
y los huevos por un mínimo roce de mejilla.
Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa,
las incomodidades de orgullo que pueda provocarte,
son algo con lo que ya cuento.
Quiero decir que a mí de versos no me tienes que decir nada,
que hace tiempo que escribo los míos.
Que yo también la veo.
Que cuando ella cruza por debajo del cielo solo el tonto mira al cielo.
Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior.
Que conozco su voz en formato susurro, y formato gemido
y en formato secreto.
Que me sé sus cicatrices,
y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría, y me sé lo de sus rodillas,
y la forma que rozar las cuerdas de una guitarra.
Que yo también he memorizado su número de teléfono,
pero también el numero de sus escalones,
y el numero de veces que afina las cuerdas antes de ahorcarse por bulerías.
Que no sólo conozco su última pesadilla,
también las mil anteriores,
y yo sí que no tengo cojones a decirle que no a nada,
porque tengo más deudas con su espalda
de las que nadie tendrá jamás con la luna (y mira que hay tontos enamorados en este mundo).
Que sé la cara que pone cuando se deja ser completamente ella,
rendida a ese puto milagro que supone que exista.
Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos,
y la he visto formar un charco de arena rompiendo todos los relojes que la puso el camino,
y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana: no me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo.
Que lo de "Mira sí, un polvo es un polvo",
y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas
y sólo los sueños pueden posarse sobre las cinco letras de su nombre.
Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma.
Que razones tenemos todos.
Pero yo, muchas más que vosotros.
viernes, 29 de abril de 2011
muuuiijiji
Si tuviera que escoger un sitio para dormir sería tu cama, porque desde allí parece que nada más pueda pasar, y a mi no me hace falta que pase si estás conmigo.
Te quiero mucho Diego.
jueves, 28 de abril de 2011
miércoles, 27 de abril de 2011
tú
¿Sabes cuándo se sabe si realmente estás enamorada?, cuando no quieres dormir, porque la realidad, es mejor que tus sueños.
Diego Fernández, siempre.
martes, 26 de abril de 2011
lunes, 25 de abril de 2011
D de Diego.
domingo, 24 de abril de 2011
Ag.

Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando... cada instante es un peso enorme, insostenible. Y resoplas todo el tiempo. Y querrías liberarte como sea. De cualquier forma, de la más simple, de la más cobarde sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento. Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer. Plaf
sábado, 23 de abril de 2011
Sol solito.
viernes, 22 de abril de 2011
Todas y cada una de las noches me las pasaría with you.
Movería montañas, no sé si me explico... Pararía trenes si hiciera falta, por ti me refiero. Sabes que no es broma, ni siquiera lo parece. Congelaría volcanes entrando en erupción y me bebería una a una todas las pequeñas dudas impertinentes que se atrevan a cruzar tu cabeza. No es la falta de sueño la que me dicta que estoy sonriendo como no lo había hecho nunca antes. Es que el causante del brillo de mis ojos eres tú, y la sensación supera a cien mil amaneceres vistos desde el piso número quinientos cincuenta y dos del edificio más alto de Manhattan.
De remate.
Estamos locas, nos comportamos como crías, gritamos, jugamos, nos miran, se ríen, nos critican, ¿y qué? Somos felices que es lo que importa. Estamos juntas que es lo que vale. Nos queremos que es lo que cuenta. Disfrutamos que es lo que necesitamos. Nos apoyamos que es lo que nos hace fuertes. Lo demás no importa. No vale. Es algo insignificante. Buscan nuestro punto débil, es inútil, siempre fallan. Son críticas, hay que aceptarlas, pero no tenemos porque dejarnos llevar por ella. Si nos critican... que nos critiquen, si nos miran... que nos miren , si nos juzgan... que nos juzguen, son libres de hacerlo y nosotras libres de seguir viviendo.
Siempre, te quiero.
Diles, que nuestro amor es grande como el universo, que en este corazón me sobran sentimientos entre huracanes de pasión sin límites. Diles que vivo y muero por darte amor. Solo con mirarte yo te intuyo, eres mi bálsamo, mi cura, de mi soledad abrigo, eres mi amante, eres mi amigo. Tú eres el aire de mi cielo y aunque la gente nos señale, será solo un burdo intento, nosotros volaremos alto como el viento, entre la inmensidad de un nuevo firmamento. Diles que nuestro amor será infinitamente eterno, que cuando tu me besas el mundo calla en su silencio entre huracanes de pasión sin límites, diles que vivo y muero por darte amor.
Teresa la Marquesa.
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